Cloración Salina

Ya hemos comentado la eficacia del hipoclorito sódico como agente desinfectante para el agua de las piscinas, también hemos visto que su manipulación –en su estado líquido- tiene riesgos para la salud por su alto carácter oxidante.

Una manera sencilla de obtener hipoclorito de sodio consiste en agregar cloruro sódico (sal común) al agua. Una vez disuelta, se aplica una corriente eléctrica que separa el cloro, y al combinarse con el agua se transforma en hipoclorito sódico. La llamada “cloración salina” en las piscinas es, por tanto, un sistema de producción de hipoclorito de sodio (NaClO) mediante sal (NaCl) y agua (H2O). Básicamente, el equipo consta de un circuito alimentador que proporciona corriente continua a un electrodo de titanio contenido en una cámara de electrólisis.

Esquema Clorador Salino

Dicho electrodo está formado por placas paralelas y una de las placas se conecta al polo positivo y la otra al polo negativo del alimentador. La corriente eléctrica proporciona la energía para realizar el proceso de electrolisis que, a la salida del electrodo, y en un medio acuoso, termina por producir hipoclorito sódico. A través de esta cámara se recircula el agua del vaso que contiene una concentración de sal (cloruro sódico) alrededor de 3-6 g/l. El sistema de electrólisis salina no tiene consumo teórico de sal ya que trabaja en un ciclo cerrado. Cuando el agua salada se somete al proceso de electrolisis de sal, se convierte en hipoclorito de sodio que desinfecta el agua; a continuación, el agua vuelve al vaso, entra en contacto con el aire y, entonces, lentamente el hipoclorito de sodio se volatiliza y vuelve a convertirse en sal que queda
disuelta de nuevo en el agua. Y así sucesivamente, sin apenas pérdida de producto.

El cloro generado es de mucha pureza y no suele ser necesario añadir ningún otro producto para la desinfección; el método presenta varias ventajas:

  • Se elimina la manipulación de elementos químicos, minimizando los riesgos para los usuarios (también durante su almacenaje).

  • Menor mantenimiento: con los equipos automáticos actuales no es necesario realizar mediciones de cloro y pH. Quizás realizar un test cada dos semanas para asegurarnos del correcto funcionamiento. También hay menor riesgo de desestabilización del agua por fallos de dosificación.

  • Ahorro económico, por menor gasto en productos.

  • El agua es más saludable para la piel, ojos y cabello.

  • El agua contiene menos productos químicos residuales.

Sin embargo, también acarrea un pequeño inconveniente: la electrolisis provoca que el pH aumente, por lo que es necesario tener un control contante de este valor, cuestión que se suele solucionar instalando un regulador automático de pH que mide constantemente el agua e inyecta ácido para disminuir su valor.